Socrates — El hombre que no sabía nada
El hombre que no sabía nada
En la primavera del año 399 a.C., un jurado de 501 ciudadanos atenienses declaró culpable a un hijo de picapedrero de setenta años por impiedad y por corromper a la juventud. Lo condenaron a muerte. Podría haber huido —sus amigos habían sobornado a los guardias, una barca lo esperaba—, pero se negó. Bebió la cicuta con calma, discutió sobre la inmortalidad del alma con sus discípulos, que lloraban, y murió. Nunca había escrito una sola palabra. No ocupó cargo alguno, no comandó ejército ni fundó escuela. Y, sin embargo, en el espacio de una generación, su discípulo Platón lo había convertido en el personaje central del cuerpo de escritura filosófica más importante de la historia, y toda tradición posterior del pensamiento occidental —desde el estoicismo hasta el existencialismo— remonta su linaje, de una u otra forma, hasta aquel interrogador descalzo del ágora ateniense.
“Una vida sin examen no merece la pena vivirla.”
c. 470-399 a.C.
Nacido en el demo de Alopece, justo fuera de las murallas de Atenas, en el apogeo del imperio ateniense bajo Pericles. Ejecutado con cicuta a los setenta años aproximadamente, sin haber salido nunca de Atenas salvo en campañas militares.
3
Sirvió como hoplita en el asedio de Potidea (432 a.C.), la batalla de Delio (424 a.C.) y la campaña de Anfípolis (422 a.C.). En Potidea salvó, según cuenta la tradición, la vida de Alcibíades. En Delio, su repliegue sereno en medio de la derrota impresionó incluso a sus enemigos.
0
Sócrates nunca escribió un solo texto filosófico. Todo lo que sabemos de su pensamiento nos llega a través de los escritos de otros —principalmente Platón, pero también Jenofonte, Aristófanes y Aristóteles—. Ese silencio deliberado es, en sí mismo, una declaración filosófica sobre la superioridad del diálogo vivo frente a la letra muerta.
280-221
Condenado por un margen de apenas 60 votos entre 501 jurados. La Apología de Platón recoge que Sócrates dijo al jurado que, si solo treinta votos hubiesen cambiado de bando, habría sido absuelto; acto seguido, propuso que su «castigo» fuera comer gratis en el Pritaneo de por vida.
Filósofo, fundador de la ética occidental, inventor del método socrático
Eventos Decisivos
El oráculo de Delfos
Cuando Querefonte, amigo de Sócrates, preguntó al oráculo de Delfos si había alguien más sabio que Sócrates, la Pitia respondió: nadie. Sócrates, genuinamente desconcertado, se propuso demostrar que el oráculo se equivocaba interrogando a los hombres de Atenas que gozaban de fama de sabios —políticos, poetas, artesanos—. Descubrió que todos se creían sabios, pero ninguno resistía el examen. El oráculo tenía razón, concluyó Sócrates, pero solo en este sentido: él era el único que sabía que no sabía nada. Esta idea se convirtió en el fundamento de la filosofía socrática: la sabiduría comienza con el reconocimiento de la propia ignorancia.
El banquete y Alcibíades
El hombre más brillante y más peligroso de Atenas —Alcibíades, de cabellos dorados, rico, políticamente ambicioso y espectacularmente temerario— era el admirador más devoto de Sócrates. En el Banquete de Platón, un Alcibíades ebrio irrumpe en una cena y pronuncia un discurso extraordinario sobre Sócrates: cómo el viejo filósofo, feo por fuera, resistió toda seducción, cómo sus palabras eran como la música de Marsias que desgarraba el alma. Alcibíades acabaría traicionando a Atenas, desertando a Esparta, desertando a Persia y regresando finalmente a Atenas: una trayectoria que confirmó los peores temores de los atenienses sobre lo que producía la educación socrática.
El juicio y la muerte
Tras la derrota de Atenas en la guerra del Peloponeso y el sangriento gobierno de los Treinta Tiranos, tres ciudadanos —Meleto, Ánito y Licón— presentaron cargos contra Sócrates: impiedad (no reconocer a los dioses de la ciudad) y corromper a la juventud. El juicio duró un solo día. Sócrates se negó a suplicar, se negó a llorar y se negó a presentar a sus hijos ante el jurado para ganarse su compasión. Condenado por 280 votos frente a 221, pasó su último día en prisión discutiendo si el alma es inmortal, y después bebió la cicuta con la misma calma con que se bebe vino en un banquete.
Línea del Tiempo
Nace en Atenas
Nace en el demo de Alopece, hijo de Sofronisco, picapedrero (o escultor), y de Fenareta, comadrona. Atenas se encuentra en el apogeo de su poder bajo Pericles. El Partenón está en construcción. Más adelante, Sócrates comparará su método filosófico con el oficio de su madre: él no implanta ideas, sino que ayuda a los demás a dar a luz las suyas propias.
Educación e influencias tempranas
Recibe la educación ateniense habitual en música, gimnasia y lectoescritura. Según diversas fuentes antiguas, estudia filosofía natural con Arquelao (discípulo de Anaxágoras) antes de volcarse decididamente hacia las cuestiones de ética y conducta humana. Adopta el oficio de su padre como picapedrero.
Asedio de Potidea
Sirve como hoplita en el asedio de Potidea, el primer gran enfrentamiento de la guerra del Peloponeso. Salva la vida del joven Alcibíades en combate e insiste en que el premio al valor se conceda a Alcibíades y no a él mismo. Según el Banquete de Platón, caminó descalzo sobre el hielo, permaneció inmóvil sumido en sus pensamientos durante un día y una noche enteros, y fue el último en retirarse cuando la posición se perdió.
El oráculo de Delfos
Querefonte pregunta al oráculo de Delfos si hay alguien más sabio que Sócrates. La Pitia responde que no. Sócrates, desconcertado, inicia su interrogatorio sistemático a los políticos, poetas y artesanos de Atenas, y descubre que todos se creen sabios, pero ninguno puede defender sus creencias bajo examen. Esto se convierte en la misión de su vida.
Batalla de Delio
Combate en la desastrosa batalla de Delio, donde los atenienses son derrotados por los beocios. Mientras otros huyen presa del pánico, Sócrates se retira con calma y determinación, volviéndose para encarar a cualquier perseguidor. El general Laques testificará más tarde que, si todos los atenienses hubieran luchado como Sócrates, la batalla no se habría perdido.
Las nubes, de Aristófanes
Aristófanes estrena Las nubes en las Dionisias, una comedia que caricaturiza a Sócrates como un charlatán que dirige un «Pensadero», enseña a los jóvenes a faltar el respeto a sus padres y venera a las nubes en lugar de a los dioses. La obra es un éxito teatral. Sócrates, que según se cuenta se encuentra entre el público, se pone de pie para que la multitud pueda comparar su rostro con la máscara. Veinticuatro años después, dirá a su jurado que Aristófanes le hizo más daño que sus acusadores formales.
Campaña de Anfípolis
Sirve en la campaña ateniense de Anfípolis, en Tracia. Es su último servicio militar conocido. La campaña termina mal para Atenas: mueren tanto el general ateniense Cleón como el general espartano Brasidas.
El banquete
Asiste al banquete en casa del poeta Agatón que Platón inmortalizará más tarde en el Banquete. Cada invitado pronuncia un discurso sobre la naturaleza del amor. Sócrates relata lo que aprendió de la sacerdotisa Diotima: que el amor es una escalera que asciende desde la belleza de un solo cuerpo hasta la belleza de todos los cuerpos, de ahí a la belleza del alma, y de ahí a la Forma misma de la Belleza.
Desafía a la Asamblea
Forma parte del consejo de gobierno (la Bulé) y es elegido por sorteo epistates —presidente de la Asamblea— el día en que se juzga en bloque a los generales de la batalla de las Arginusas. Sócrates es el único que se niega a someter a votación la moción ilegal, pese a las amenazas de la multitud. Los seis generales son condenados y ejecutados. Es el acto de injusticia democrática más infame de Atenas, hasta el propio juicio de Sócrates.
Los Treinta Tiranos
Atenas cae ante Esparta. Los Treinta Tiranos toman el poder bajo el mando de Critias, antiguo allegado de Sócrates. La junta ordena a Sócrates arrestar a León de Salamina, un hombre inocente condenado a la ejecución y a la confiscación de sus bienes. Sócrates se niega y simplemente se va a casa, arriesgando su propia vida. El régimen cae antes de que puedan castigarlo.
Juicio y ejecución
Meleto, Ánito y Licón presentan cargos: impiedad y corrupción de la juventud. El juicio dura un día ante 501 jurados. Sócrates pronuncia su célebre defensa (recogida en la Apología de Platón), se niega a suplicar o a llorar, y es condenado por 280 votos frente a 221. Pasa treinta días en prisión mientras Atenas celebra una fiesta religiosa. El último día, discute sobre la inmortalidad del alma con sus discípulos (el Fedón de Platón), bebe la cicuta y muere.
Figuras Principales
Platón
Platón era unos cuarenta años menor que Sócrates y estudió bajo su guía durante casi una década, entre el 408 y el 399 a.C., aproximadamente. Según se cuenta, estaba enfermo y ausente el día en que Sócrates murió, un detalle que él mismo registra con llamativa honestidad. La ejecución lo destrozó. Abandonó Atenas, viajó durante más de una década y regresó para fundar la Academia. Pero, sobre todo, escribió los diálogos que hicieron inmortal a Sócrates. Sin Platón, Sócrates sería una nota al pie: un excéntrico mencionado por Jenofonte y ridiculizado por Aristófanes. Con Platón, se convirtió en la figura fundacional de la filosofía occidental. La paradoja es que nunca podremos separar del todo las ideas de Sócrates de las del propio Platón.
Alcibíades
Alcibíades era todo lo que Sócrates no era: rico, hermoso, aristocrático y espectacularmente ambicioso. De joven se apegó a Sócrates, atraído por el poder intelectual del filósofo, y el Banquete de Platón conserva su extraordinaria confesión de amor y frustración. Pero la trayectoria de Alcibíades se convirtió en el mayor escándalo de Atenas: desertó a Esparta, después a Persia, y finalmente regresó a Atenas, dejando a su paso una estela de traición y caos. Para los enemigos de Sócrates, Alcibíades era la prueba de que la educación socrática corrompía a los mejores jóvenes. Para los defensores de Sócrates, era la prueba de que la filosofía no puede salvar a un hombre que se niega a escuchar.
El Legado de Socrates
Sócrates no dejó libros, ni escuela, ni sistema. Dejó solo preguntas —y la inquietante demostración de que los hombres que dicen saber más son, a menudo, los que menos saben—. Dos milenios y medio después, su método sigue siendo la herramienta más poderosa de la filosofía: preguntar qué quiere decir alguien, presionarlo para que defina sus términos, seguir el argumento adondequiera que conduzca, y aceptar el resultado incluso cuando destruye nuestras cómodas certezas.
No era un santo. Las fuentes antiguas sugieren que podía ser obstinado, deliberadamente provocador y exasperantemente superior. Su negativa a ocuparse de la filosofía natural o a escribir una sola línea frustraba incluso a sus admiradores. Pero fue la primera persona en la tradición occidental que insistió en que el propósito del pensamiento no es ganar discusiones, sino encontrar la verdad —y que esa búsqueda importa más que la comodidad, la reputación o la propia vida—. Lee su historia en sus propias palabras: el ePub en primera persona te lleva al interior de la mente del hombre que no sabía nada y lo cambió todo.
Lee la Biografía Completa en Primera Persona
Descubre la historia de Socrates narrada en su propia voz — 8 capítulos de narrativa cinematográfica en primera persona.